La leche de cabra resulta más fácil de digerir que la leche de vaca. Tiene glóbulos de grasa más pequeños, proteínas más digestivas y menos lactosa.
Cuando se transforma en yogures y kéfires, se vuelve aún más digestiva: la fermentación natural, añade probióticos vivos y hace que los nutrientes sean más fáciles de asimilar.
Los lácteos de oveja tienen un sabor con personalidad con matices que evocan al campo y una textura naturalmente más cremosa que que los hace únicos.
Además, presentan una mayor densidad nutricional con un contenido superior de proteínas y de grasa.