Lácteos de cabra

Por qué
sientan tan bien

La leche de cabra resulta más fácil de digerir que la de vaca.

Su perfil nutricional es muy completo: aporta proteínas de alto valor biológico, minerales y vitaminas esenciales que contribuyen al bienestar diario, y además suele generar menos reacciones alérgicas.

Cuando se transforma en yogures y kéfires, se vuelve aún más digestiva: la fermentación natural reduce la lactosa, añade probióticos vivos y hace que los nutrientes sean más fáciles de asimilar.

Por todo ello, cada vez más personas encuentran en los lácteos de cabra una alternativa saludable, natural y respetuosa con la digestión.

Preguntas frecuentes

Sí. Por la estructura de su grasa, por contener un tipo de proteína beta caseína más digestiva, por el bajo contenido de alfa caseina (que puede generar alergias) y algo menor presencia de lactosa. Esta diferencia se nota aún más cuando se consume en forma de fermentados, como el yogur o el kéfir.
Sí, aunque en menor cantidad que la de vaca. No es un producto “sin lactosa”, pero muchas personas la encuentran más fácil de asimilar, especialmente cuando se consume como yogur o kéfir de cabra, ya que la fermentación reduce aún más la lactosa.
 Las vacas sufrieron una mutación hace miles de años que afectó a la beta-caseína de su leche, pasando de ser rica en caseina A2 a serlo en caseína A1. Esta variación en la proteína aumentó la dificultad para digerir la leche de vaca en algunas personas. La leche de cabra contiene caseínas más similares a la beta caseína A2 
Ambos son fermentados probióticos, pero el kéfir de cabra suma la mejor digestibilidad propia de la leche de cabra.
  • Probióticos vivos que apoyan a la microbiota.
  • Menor lactosa gracias a la fermentación.
  • Nutrientes más biodisponibles.
  • Sabor y textura únicos.

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